Una tienda deja de ser un problema cuando el stock, los precios y los documentos salen solos del sistema que tu empresa ya opera. Ahí es donde ponemos el trabajo.
Montar un catálogo es la parte fácil. Lo que hunde a una tienda es la operación: alguien tiene que cargar los productos, mantener los precios al día, revisar que no se venda lo que no hay, emitir el documento tributario y avisar a bodega. Si todo eso es manual, la tienda se convierte en trabajo extra para el mismo equipo de siempre.
Por eso partimos por el otro lado: qué sistema es la fuente de verdad de tus productos y tu stock, y cómo hacemos que la tienda lea de ahí en vez de tener su propia versión de la realidad.
Productos, atributos, precios y listas por tipo de cliente que se actualizan desde el sistema central, sin doble carga.
Disponibilidad tomada del inventario real, para no vender lo que ya salió de bodega.
La orden entra a la tienda y se crea en el sistema de gestión, con su cliente, sus líneas y sus condiciones.
Emisión de boletas y facturas electrónicas desde el mismo flujo, sin volver a tipear los datos de la venta.
Pasarelas de pago y reglas de envío configuradas según cómo vendes: retiro, despacho por zona o coordinación con el ejecutivo.
Precios por volumen, cotizaciones y clientes con condiciones propias, que es como se vende cuando el comprador no es una persona sino un área.
Es la base con la que más trabajamos: el código es abierto, la tienda queda en tu servidor y las integraciones se pueden escribir a medida sin depender de lo que una plataforma cerrada permita ese año. Si mañana cambias de proveedor, te llevas todo.
Escribimos el puente entre la tienda y tu ERP: qué campo corresponde a qué, cada cuánto se sincroniza, qué pasa si un producto se elimina y qué se hace cuando una sincronización falla. Esa última parte es la que suele faltar y la que provoca ventas perdidas.
Toda sincronización queda registrada. Si algo se cae, alguien se entera el mismo día, no cuando un cliente reclama.
En uno de los sistemas que mantenemos, el agente conversacional atiende en el chat de la tienda, recomienda productos según rubro y cantidad, arma una cotización en PDF con folio propio, aplica los descuentos por volumen que corresponden y deja la orden creada en la tienda. El equipo comercial recibe el pedido ya armado.
Ese tipo de flujo se construye por partes: primero la tienda conectada al sistema de gestión, después el agente encima. Puedes ver el detalle en casos.
En general sí, siempre que el sistema tenga una interfaz de programación o permita intercambio de archivos. Lo primero que hacemos es revisar qué expone tu ERP y qué operaciones permite: eso define el alcance real de la integración.
Sí. Se pueden configurar listas de precios por tipo de cliente, descuentos por volumen, cotizaciones previas a la compra y clientes con condiciones propias. Es un escenario habitual en venta corporativa.
Sí, integrando la tienda con el sistema de facturación que uses. El documento se emite desde el flujo de la venta, sin volver a ingresar los datos a mano.
Queda registrada y se emite una alerta. Preferimos que una sincronización falle de forma visible y con aviso, antes que en silencio dejando la tienda mostrando datos viejos.
Sí. Se migran productos, clientes e historial de pedidos en lo que la plataforma de origen permita exportar, y se planifican las redirecciones para no perder el posicionamiento ya logrado.
Tu equipo. Dejamos el panel operable y hacemos el traspaso. Si prefieres que nos hagamos cargo de la mantención y de las integraciones, es un servicio aparte que puedes tomar o no.
Si hoy alguien carga productos a mano o revisa stock dos veces, ahí hay trabajo que se puede automatizar. Cuéntanos qué sistema usas y vemos cómo conectarlo.